ISBN: 978-987-4162-19-9 / 82 páginas / 23 x 15 cms / El Viejo Árbol, 2020 / Damián Martino
“Lo que resta del camino, de la medida justa, del tiempo, del siglo, descansaré en silencio.” Jesús dijo. Magdalena escuchó sus palabras, como si él hubiese hablado solo para su alma. Al oírlo, Andrés expresó: "Hermanos, qué les parece lo dicho? Yo no creo que esto lo haya dicho el Rabbí, dado que parecía no estar de acuerdo con sus pensamientos." Pedro agrega: "Pero, ¿por qué el Rabbí iba a hablar con una mujer ocultamente y en secreto para que todos escucháramos? ¿Acaso no iba a querer presentarla como la más digna de todos nosotros?" Caminando, Levi se acercó para hablar con Pedro: "Pedro, siempre tienes cólera en tu alma y ahora mismo discutes con la mujer enfrentándote con ella. Si el Maestro la ha juzgado digna, ¿quién eres tú para despreciarla? De todas maneras, él, al verla, la ha amado sin duda alguna. Avergoncémonos más bien y, revestidos por el hombre perfecto, cumplamos con aquello que nos fue ordenado. Prediquemos el evangelio sin restringir ni legislar, sino, como el Salvador dijo. Esto es lo único que tenemos que hacer.” Cuando Leví concluyó con sus palabras, caminó más deprisa para alejarse y se dispuso a predicar el evangelio según Magdalena.
-Buen alba, Ojos Luminosos… –saludó de una forma cariñosa.
-Buen día, ¿cómo debo llamarte? –le pregunté.
-¿Cómo quieres llamarme? –me contestó con otra pregunta.
-Como prefieras… –le dije.
-Magdalena… –respondió– Simplemente, Magdalena.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario