ISBN: 978-987-4162-18-2 / 220 páginas / 23 x 15 cms / El Viejo Árbol, 2020 / Damián Martino
“Ya les he dado demasiadas señales que yo soy el Hijo, el enviado del Padre de Lo Alto, mas ustedes no desean entender esto porque no está escrito en vuestros testamentos. Centenares se han acercado para ser curados y fueron sanados. Sin alimento de la Tierra les he dado de comer y de beber, porque el elixir de la vida no es el alimento de la Tierra, sino el alimento del espíritu que proviene solo de mi Padre del Cielo. Quien se acerque a mí, no tendrá hambre, porque el Agua de la Vida lo alimentará eternamente, aquello que no puede hacer el pan de la Tierra porque proviene del hombre y porta la necedad de su mente y de sus propias atribulaciones. Los que me conocen se han sorprendido porque yo fui perseguido. Me creyeron perdido, pero la opresión se convirtió en mi victoria, aunque llegué a ser objeto de menosprecio. No había nada en mí que envidiar, hacía el bien a todos los hombres, sin embargo, he sido odiado por ellos. Me han cercado como perros furiosos, como unos insensatos que van en contra de sus amos. Su inteligencia estaba corrompida, su espíritu pervertido. No perecí, porque no estaba comprometido con ellos, mi nacimiento no tenía nada que ver con el suyo. Buscaron mi muerte y no lo consiguieron. Yo era anterior a su memoria. En vano se arrojaron sobre mí los que me perseguían. En vano, buscaron suprimir el recuerdo vivo de aquél que existía antes que ellos. Al designio del Padre de las Luces nada lo supera, pues su corazón es más grande que toda la sabiduría.”
Jesús, Logos Solar.

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