ISBN: 978-987-4162-14-4 / 126 páginas / 23 x 15 cms / El Viejo Árbol, 2020 / Damián Martino
«…Mi Señora, qué tiempos magníficos estamos viviendo y es el Señor, Awen, quien nos los entrega sin esperar nada a cambio. Sé lo que hará nuestro hijo, no solo por las marcas de sus pies que ha leído El Druida, sino también por lo que ya manifiesta. Acerca del destino del pequeño, ese que conocemos todos, creo, sin saber por qué, no debemos preocuparnos, porque cada hecho ya fue tejido de antemano. Sin embargo, en cuanto a mí respecta, hágame el favor, si me olvidara por alguna desgracia que mi hijo es quién es, de decirle que conservo y guardaré por siempre el inquebrantable amor que nos dimos y nos daremos el uno al otro. Dígale, cuando crezca, que si después hay silencio, que mantenga la fe, que no es ausencia, sino es el amor silente de quienes caminan hacia la gloria. Mi Cachorro conocerá la gloria, él mejor que nadie. Entonces, entréguele mis respetos y todo mi amor si algún día su padre se encuentra muy lejos de su alma y mi niño ya no puede verme ni escucharme...»
Arcturus, Señor de las Doce Aldeas y Rey del Norte. Junio del año 539.
“El poder de una espada radica en el hombre que la porta, no en el valor del acero en sí mismo. Si el Guerrero no se torna un noble instrumento de Los Cielos, difícilmente obtendrá el poder que esta le otorga, sino causalmente, se volverá esclavo de ella adhiriéndose a La Oscuridad para siempre.”
Fragmento recopilado de las cartas de Arcturus a su hijo, antes de dejar este mundo.

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