viernes, 20 de noviembre de 2020

Dhamedh, el Viajero de la Media Luna

 


ISBN: 978-987-4162-04-5 / 390 páginas / 23 x 15 cms / El Viejo Árbol, 2020  /  Damián Martino


Nací hace más de 8000 años antes de la era de nuestro Señor, 8029 para ser exacto.  He contado la historia de reyes, de embusteros e, incluso, de feligreses.  Vi con el paso del tiempo como cayeron los nobles de sus tronos y como los bardos relataron historias a través de poemas acerca de dioses paganos.  He vivido con los primeros y los he servido.  He auxiliado a los más humildes mientras que los grandes eruditos me despojaron de los lugares de privilegio.  Mi cuna se alzó entre las clases sociales más pobres de la época, aunque, mi osadía en la búsqueda del conocimiento, me llevó a indagar acerca de la experiencia humana.  Discutí con filósofos y formé parte de los más elevados concilios sacerdotales.  Labré actas y edifiqué ciudadelas firmando escritos para reyes y reinas que carecían de sentido, entonces batallé contra la incoherencia, porque yo era coherente.  Las plazas donde los niños jugaban eran mis preferidas, no los palacios revestidos en joyas y bañados en oro donde la realeza hasta podía olfatearse, entonces comprendí los oficios humanos, todos.  Los exploré y entendí el basamento de sus significados.  Sin embargo, más adelante descubrí que sabía poco, porque llegó él y, en medio de una tormenta debajo del Viejo Árbol de la Vida, me dijo que era el Guerrero, y que traía para nosotros todas las cosas que aún no recordábamos y que eran precisas reconocer.  Después de esto, mi vida y mi escaso saber cambiaron para siempre, donde me perdí en un mundo de ensueños.

Réör, el Hombre del Norte


 ISBN: 978-987-4162-07-6 / 268 páginas / 23 x 15 cms / El Viejo Árbol, 2020  /  Damián Martino

Quizá, Dhamedh tenga razón cuando nos narra sus verdades o, tal vez, no sean más que un producto de su falta de memoria o de una imaginación prodigiosa de su anciana estampa.  ¿Quién lo sabe?  Creo que ni Réör ni Adhora, ni el Hombre de las Hierbas o el de las Pipas y tampoco el Guerrero.  Él dice relatar lo que cree conoce, lo que le dijeron o lo que escuchó de boca de otros, pero también asegura haberlo vivido y no solo vivido, sino sentido e, incluso, sufrido en su alma.  Lo cierto, y lo que asevera Dhamedh, es que este, sin duda alguna, –según él la llama– fue su prueba de fuego, donde se helaron sus huesos y su mandíbula no dejó de crujir debido al temor que lo asolaba.  Relata que existió una vez en que La Luz y La Oscuridad se unieron, porque ambas debieron enfrentarse a la peor aberración creada por la malicia y por los malos pensamientos que generaron los hombres.  Aseveró que el Primer Jinete no era tan malo como él pensaba, porque aquél que se hacía llamar El Oscuro era el peor de todos y el primer enemigo del Buen Padre. Hace hincapié acerca de sus vivencias, pero también de otros que llegaron a conocer la Verdad de las Verdades, del extraño Hombre de las Hierbas que calla lo que sabe y del Hombre de las Pipas que descree todo por fuera, pero que cree por dentro.  Habla de su padre, de Réör y sus cejas níveas bien arqueadas y del amor de su madre Adhora, esa mujer que, según él, era muy buena. Y así es cómo arriba al pilar de su relato, a Los Nueve, y a la confrontación que sostuvieron con el Guerrero del Sol.