ISBN: 978-987-4162-07-6 / 268 páginas / 23 x 15 cms / El Viejo Árbol, 2020 / Damián Martino
Quizá, Dhamedh tenga razón cuando nos narra sus verdades o, tal vez, no sean más que un producto de su falta de memoria o de una imaginación prodigiosa de su anciana estampa. ¿Quién lo sabe? Creo que ni Réör ni Adhora, ni el Hombre de las Hierbas o el de las Pipas y tampoco el Guerrero. Él dice relatar lo que cree conoce, lo que le dijeron o lo que escuchó de boca de otros, pero también asegura haberlo vivido y no solo vivido, sino sentido e, incluso, sufrido en su alma. Lo cierto, y lo que asevera Dhamedh, es que este, sin duda alguna, –según él la llama– fue su prueba de fuego, donde se helaron sus huesos y su mandíbula no dejó de crujir debido al temor que lo asolaba. Relata que existió una vez en que La Luz y La Oscuridad se unieron, porque ambas debieron enfrentarse a la peor aberración creada por la malicia y por los malos pensamientos que generaron los hombres. Aseveró que el Primer Jinete no era tan malo como él pensaba, porque aquél que se hacía llamar El Oscuro era el peor de todos y el primer enemigo del Buen Padre. Hace hincapié acerca de sus vivencias, pero también de otros que llegaron a conocer la Verdad de las Verdades, del extraño Hombre de las Hierbas que calla lo que sabe y del Hombre de las Pipas que descree todo por fuera, pero que cree por dentro. Habla de su padre, de Réör y sus cejas níveas bien arqueadas y del amor de su madre Adhora, esa mujer que, según él, era muy buena. Y así es cómo arriba al pilar de su relato, a Los Nueve, y a la confrontación que sostuvieron con el Guerrero del Sol.

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