ISBN: 978-987-4162-06-9 / 154 páginas / 23 x 15 cms / El Viejo Árbol, 2020 / Damián Martino
Todos deseamos y, en algún momento, quisimos ser él. Sí, estas no son mis palabras, sino la realidad, o, tal vez, la estupidez que el poder mundano fue generando a través de un escaso conocimiento, de simples movimientos que, eslabonados con las consciencias finitas, fueron hilvanándose uno detrás del otro. La verdad, la pura verdad de estos párrafos, nos revelarán hechos que, siendo él, jamás hubiésemos imaginado y, mucho menos, hubiésemos logrado disfrutar si fuésemos sus dueños. Sobre la Tierra creen que en la piel del Guerrero no suceden estas cosas. No, señor. Creen que los sentimientos le son ajenos porque su espíritu pertenece solo al Padre de Todos los Mortales. Creen que se encuentra alejado de los malos augurios y que nadie puede dañarlo. Pero no. Se equivocan. Es una mentira. Una más entre tantas otras. Después de algunos años, él me narró una de sus crónicas más tristes. Sus ojos estaban lacrimosos como cuando el rocío humedece los granos de arena al amanecer. Su mirada no era la usual, esa que brillaba y podía iluminar cualquier reducto. De hecho, estaba apagada, casi por completo. Podría decirles, incluso, que él no era él, o, por lo menos, no parecía serlo. Le hice un par de preguntas que solo él podría responder. Contestó todo, y lo hizo como los maestros que poseen el verdadero don de la sabiduría divina y la reflejan de manera inequívoca, no obstante, cuando finalizó, cerró sus ojos y guardó silencio y después, solo después, narró su cruzada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario